LOS DOMINGOS
ALAUDA RUIZ DE AZÚA, 2025
Todo el mundo hoy en día debate sobre la tolerancia. Para cada uno, los límites de esta parecen inamovibles, y cada miembro de su familia un reto al respecto. Alauda Ruiz de Azúa perfecciona con su nueva película Los domingos el arte de la “secuencia a mesa puesta”, dejando que, a gritos o entre líneas, los secretos broten con cada cucharada de comida de domingo.
Puede ser que sea porque la película explora, con su protagonista Ainara (interpretada por Blanca Soria), a una adolescente cuya mayor meta es hacerse monja de clausura, en un afán de silencio como meditación constante y, como buen film coming of age, sin entender por qué su padre y todos los que la rodean la obligan a pensar únicamente en las consecuencias de sus actos. Puede ser también que sea en contraposición a la casi antagonista del film, Maite, interpretada por la magistral Patricia López Arnaiz: una mujer encerrada en una vida convencional que no le satisface, que canaliza sus frustraciones en discusiones intolerantes sobre lo que ella considera intolerable, a base de tribulaciones en ocasiones justificables.
Si la buena comedia tiene que criticar a todos para hacer reír y no ser propaganda de nadie, el buen drama también. La religión católica tiene una iconografía que, guste o no, no se puede separar de la cultura española, y este debate nunca se había dibujado de forma tan trepidante.
La edición sabe cuándo adoptar una lentitud contemplativa y cuándo desplegar la tensión y velocidad de un drama judicial. El diálogo es realista porque los personajes no se atreven a decir del todo lo que tienen en la cabeza, mientras que la cámara sí lo desvela en primeros planos que cortan como cuchillos la tensión, del mismo modo que el sonido aísla a quien habla incluso en espacios ruidosos. La dirección es inmersiva de formas diferentes en cada secuencia, a veces entrañable, otras agónica y algunas sorprendentemente graciosa, y las interpretaciones logran que nos identifiquemos con los personajes más por sus imperfecciones que por sus virtudes.
Gracias a una perfecta conducción de todos estos elementos, Los domingos consigue ser una obra que comienza como un retrato de todas las aristas alrededor de la fe católica en el día a día y tiene la sabiduría de culminar en un retrato de una fe que, desgraciadamente, sigue siendo aún más discutida: la familiar. Promete (o jura) verla en cine estas fiestas, aunque mejor no en familia.
