FLORES PARA ANTONIO
ELENA MOLINA E ISAKI LACUESTA, 2025
Alba Flores se estrena como productora en el documental que rinde homenaje a su padre, el cantante y actor Antonio Flores, fallecido cuando ella apenas tenía ocho años, para generar todas las preguntas necesarias sobre quién era su padre y reconstruir y entender, como si de un puzle se tratase, su figura a partir de la memoria propia, familiar y colectiva.
Lacuesta y Molina dirigen este emotivo documental tomando como base los archivos familiares, cintas, dibujos y fotografías de Antonio, y lo hacen desde el punto de vista de su hija Alba, lo cual surgió de forma espontánea durante el rodaje, el cual tuvo que ser redireccionado hacia esta nueva visión mucho más personal e íntima.
El documental se arma como un collage, como aquellos que adoraba realizar el cantante, uniendo grabaciones y fotos de archivo con los testimonios de las tías de Alba, quienes se sientan por primera vez a hablar de su hermano frente a su sobrina, además de otros miembros de la familia y amigos artistas de Antonio, como Silvia Pérez Cruz, Antonio Carmona o Joaquín Sabina. De esta manera, el documental va relatando la vida del cantante, saltando de un punto a otro, rescatando sus claros y oscuros sin necesidad de juzgar, sino de comprender y abrazar su dolor. La película habla abiertamente (al igual que lo hacía Antonio) sobre sus idas y venidas con las drogas, marcando una clara intención: desestigmatizar a las personas que consumen e intentar entender los porqués.
En la familia Flores todos estaban a la espera de que Alba algún día abriera esa puerta que le permitiera hablar sobre su padre y de la que solo ella tenía la llave, como su prima indica. Alba se enfrenta, a veces con temblor en la voz y los ojos húmedos, otras con una gran sonrisa en la cara, a sus dudas más internas sobre quién era su padre, y lo hace desde el dolor de la pérdida que aún pesa, pero también, como apunta su directora, desde la celebración de la vida de Antonio, porque si algo no faltaba en la casa de los Flores era arte por doquier y una banda sonora interminable. De esta manera, Alba encuentra en el documental una constante catarsis tan sanadora como liberadora, sacando del baúl de su mente recuerdos que habían quedado en suspensión, silencios necesarios y temas incómodos sobre la vida y muerte de su padre.
Flores para Antonio abraza la intimidad y dolor de una hija que halla a través de la magnífica representación artística elaborada por Molina y Lacuesta, muchas respuestas, así como su propia voz, la cual comienza a desempolvar después de más de 30 años. Y lo hace no sólo como parte necesaria de su propio duelo como hija, sino para toda una generación (y las que vendrán) de personas que vivieron y gozaron el recorrido musical, que iba desde el rock pasando por la rumba hasta el blues, de un artista que nos dejó demasiado pronto pero con un enorme legado musical que siempre recordaremos.
